Por qué la espiral de violencia

JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH A Verónica Guadalupe “N” la lapidaron en La Biznaga, no en un zoco del Estado Islámico o en Afganistán, sino en el barrio metropolitano de Nicolás...
VIOLENCIA

JOSÉ BUENDÍA HEGEWISCH
A Verónica Guadalupe “N” la lapidaron en La Biznaga, no en un zoco del Estado Islámico o en Afganistán, sino en el barrio metropolitano de Nicolás Romero en el Edomex. Junto a su cuerpo había piedras ensangrentadas con las que la mató su marido. Se desconoce si él se encuentra entre los excarcelados por la “puerta giratoria” del nuevo sistema penal, al que algunos gobernantes atribuyen ahora la crisis de inseguridad en el país. ¿Quién falla vs. la violencia? ¿Cuál es la salida tras una década de fracasos? Al pedir responsabilidades, el espantapájaros son las leyes que sirven para ahuyentar la rendición de cuentas de autoridades federales y, sobre todo, locales, aunque como con el feminicidio, su aplicación sea más que deficiente para contrarrestar la epidemia.
¿Quién tira la primera piedra? El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, advertía estos días a la ciudadanía —como ha hecho— que se prepare ante la salida de cuatro mil reos luego del fallo de la SCJN sobre libertad provisional en delitos que antes se consideraban graves. Ya había atribuido el alza en la CDMX a la excarcelación de otras 12 mil personas tras la reforma penal en 2016 y reclamó ajustes al nuevo modelo de justicia, junto con otros gobernadores y procuradores estatales. Pero antes de llegar sus peores vaticinios, dos mujeres asesinadas más en la zona metropolitana, además de Verónica Guadalupe, se acumularon en una de las semanas más violentas en el país en lo que va de 2017 con cerca de 100 homicidios en la CDMX, el Edomex, Mazatlán, Culiacán y Acapulco, donde murieron 28 reos en un penal.
Desde antes de que Peña Nieto inaugurara el nuevo sistema penal hace un año, la ONU contabilizaba el asesinato de una mujer cada tres horas en el país y desde hace años habla de “epidemia” de feminicidios, así como de la omisión de autoridades para resolver los casos. Ni siquiera hay cifras oficiales para corroborar si el mal se expande de forma intensa e indiscriminada, ya que en muchos estados el delito no se tipifica y en otros subsiste por fallas de policías, peritos y fiscales para articular las acusaciones, particularmente estatales. Mucho menos para tener alguna estadística que sustente, al menos en feminicidios, una relación entre preliberaciones de delincuentes y el crecimiento de la violencia colectiva.
Tampoco en otros delitos se sustenta la responsabilidad de la reforma penal y la mayor violencia, por ejemplo: en mayo, al nivel del año más sangriento de la “guerra contra las drogas” de Calderón en 2011. Pero ante la alarma social, la salida más fácil es ofrecer que las cosas cambien con sólo modificar las leyes. Chihuahua no tipifica el feminicidio, a pesar de que el asesinato de mujeres en México cobró notoriedad mundial con las denuncias en Ciudad Juárez desde 1993. Con el cambio de partido en el gobierno estatal llegó una iniciativa para incorporarlo en el código penal; no obstante, este delito sigue un comportamiento similar a los índices generales de homicidio en el país. En cambio, en el Edomex el reconocimiento legal no ha evitado que el estado sea el nuevo Juárez y uno de los más inseguros del país. ¿Cuál es el papel de la violencia colectiva en el asesinato de mujeres y otros?
Las tendencias apuntan a que 2017 puede ser el año más violento de la era moderna, pero las causas se oscurecen en el espantajo de respuestas políticas a un nivel de violencia que, según la OMS, ubicaría al país en los rangos de un problema de salud pública como otros con conflictos bélicos. En el caso de feminicidio, cabe la definición de la OMS sobre la violencia colectiva como instrumento que usa un grupo contra otro para lograr objetivos políticos, económicos o sociales. Violencia de género, vaya. Pero qué decir del resto de las violencias, eso es precisamente el problema, que cada día parecemos saber menos por qué y de dónde viene, a pesar de que estamos instalados en ella hace más de una década.
Publicado originalmente:
http://www.excelsior.com.mx/opinion/jose-buendia-hegewisch/2017/07/09/1174554

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