La cuarta transformación, expectativas y realidad.

Las elecciones del pasado primero de julio dejaron en claro que los mexicanos votaron contra los excesos del poder, el lujo, el dispendio, la corrupción y los altos costos...

Las elecciones del pasado primero de julio dejaron en claro que los mexicanos votaron contra los excesos del poder, el lujo, el dispendio, la corrupción y los altos costos de mantener una burocracia gubernamental que hartaron a los ciudadanos y simplemente dijeron los electores ya no más. La propuesta de que nadie gane más que el Presidente de la República ha ocasionado la aceptación popular pero también poner tope a los salarios exorbitantes que perciben los funcionarios de alto nivel que comparando con la percepción salarial que tienen los “ciudadanos de a pie” raya en lo ridículo y ofende con la sola expresión. No es posible tener una “clase social privilegiada” pagada con los impuestos de los ciudadanos a quienes se les regatea un servicio público. Es decir, muchos no desquitan lo que se les paga en la nómina.
En pocas palabras, debe el funcionario público recibir un salario justo, pero que no ofenda a la comunidad. Un salario bien remunerado, sí, pero de acuerdo al desempeño de sus funciones y no como un pago de los servicios partidistas y/o relaciones de compadrazgos y ni mucho menos como un pago a los favores de alcoba. El tope salarial debe estar fundamentado en la ley, no para hacer nuevos ricos producto del servicio público del sexenio. Maquiavelo lo había sentenciado hace ya casi 500 años atrás: “Los representantes del príncipe no pueden saquear la provincia”. Al no haber aplicado este principio, se provocó el descontento social. El resultado electoral lo explica todo. El permisivismo del sistema hizo que el sistema se autodestruyera.
El título, expone entonces una revolución, un cambio en el cuál el mundo mira y voltea hacia México para ver cuales son esas proezas que haga el nuevo gobierno que tomará posesión el primero de diciembre. Las expectativas son muy altas y en cuanto lo son así, las caídas pueden ser más estrepitosas. De corazón, se le desea a AMLO y a su gabinete que le vaya bien t así ganamos todos. De no hacerlo, el gobierno de izquierda pagará los platos rotos de su primer triunfo electoral en la presidencia y en la que por cierto por primera vez participa bajo el membrete de MORENA. Los países latinoamericanos voltean con reojo a ver que pasa en México cuando en la mayoría de ellos los gobiernos de tinte izquierdista han fracaso ya sea como gobierno o perdido en las urnas. Hay desencantos muy intensos, historias de las que hay que aprender en Latinoamérica.
En fin, el tiempo lo dirá, pero poco a poco Enrique Peña Nieto vive sus últimos días en palacio, con un poder disminuido frente al arrastre mediático que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) toma como un presidente “virtual” más que “electo”. El equipo de transición ya opera paralelamente, con el control de las dos Cámaras legislativas, tienen todo para avanzar. Los tres próximos años serán para consolidar una nuevo partido hegemónico o bien para perder la confianza ciudadana en un proyecto de nación que tuvo en la mayoría de los votantes un triunfo contundente. No hay nada más que de dos sopas. Hacer un gobierno eficiente o quedar en la mediocridad de lo mismo de siempre. Usted ¿Qué opina?
Por José Eduardo Borunda Escobedo

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